Blogia

ENTRE LINEAS

Modestia ...

Modestia ...

... y yo que soy como el "gordo" de Navidad. Un premio muy repartido ... Compradme pues, señoras, para la lotería del "Niño". Intentaremos hacerlos.

Cambio...

Cambio...

Navidad infeliz por 364 ó 365 días de felicidad. Es un buen cambio, mucho más de lo que algun@s desean, solo "Feliz Navidad". Como si los demás días del año tuviésemos que ser desgraciados.

No era tan difícil

No era tan difícil

No era tan difícil…


Borrar nuestras palabras,
Olvidar ilusiones compartidas,
Dejar de pintar tus sueños conmigo
Seguir en el silencio
Eliminar números o letras que pudiesen rememorarnos
Recordarnos sin dolor
Convencernos que nunca seremos el uno para el otro
Saber que somos, lo que siempre fuimos, una extraña coincidencia.

 

Porque…

 

Continuamos escribiendo
Renovamos ilusiones
Dibujamos solos
Compartimos silencios
Recuperamos la memoria de las letras y los números
Aprendimos a recordar
Seguimos encontrando otros unos y uno otros
Ahora si queremos arriesgarnos a vivir nuestras coincidencias.

 

Por todo ello... Gracias

Cortina de humo

Cortina de humo

En estos días previos a la entrada en vigor de la Ley de Prevención del Tabaquismo, el Ministerio de Sanidad ha lanzado una campaña de “concienciación” de la ciudadanía en forma de mensajes publicitarios, en los que se afirma que, el tabaco, es el causante directo de, al menos, cincuenta mil muertes anuales en España. Si la administración es consciente de eso no entiendo porqué se sigue vendiendo tabaco en este País. Cabría preguntarse si no será por los pingües beneficios que el negocio del tabaco deja en las arcas del Estado, más de seis mil millones de euros, los cuales no retorna para combatir, ni tan siquiera paliar, los efectos de esa horrible pandemia. Desde la misma Administración y de casi todos sus partidos satélites, se intenta atenuar los efectos negativos que provocará en los votantes fumadores la aplicación de la Ley, promoviendo que las administraciones costeen los gastos de deshabituación. De prosperar tal medida serían los impuestos de todos, fumadores y no fumadores, los que deberían sufragar dicha deshabituación. Fantástica medida que reparte entre todos la factura del desastre causado por unas empresas y que, a la hora de los beneficios, no los comparte con sus ciudadanos envenenados. Negocio redondo basado en una tremenda injusticia ya que no es la Administración quién debe pagar esos costes, sino aquellos que se han lucrado con la venta del tabaco es decir, la industria tabaquera. Pero claro, eso le representaría a la Administración iniciar un proceso judicial contra unos socios importantes que reportan buenos dividendos a las arcas del Estado y, ya se sabe, “poderoso caballero don dinero” aunque sea a costillas de las “idems” de los ciudadanos. Mientras tanto entretendrán al personal aprobando leyes de un más que incierto cumplimiento. Mientras tanto irán lanzando cortinas de humo para que no veamos cual es el flujo del dinero desde la industria tabaquera a los bolsillos de nuestra voraz Administración.



La expresión “cortina de humo” se empezó a utilizar en la Grecia antigua a raíz de una situación provocada por un político llamado Alcibíades que vivió allá por el siglo V antes de Cristo. Este no fumador (no consta que fumase nadie en la Grecia antigua) era un mandatario con cierto poder en Atenas que tuvo algunos “problemillas” con sus ciudadanos al abusar del mismo. Cuentan que Alcibíades tenía un perro magnífico que era la envidia y admiración de toda la ciudad, por eso no entendieron que un día, sin venir a cuento, el tirano le pegara fuego y lo matase. Nadie entendió tal acción excepto el tal Alcibíades que, con tamaña atrocidad, intentaba desviar la atención de sus administrados que hablaban más de ese "canicidio", que de los asuntos de su gobierno. Está claro que aprendimos rápido.


La soledad del seductor

La soledad del seductor

A aquél hombre lo identificaban como a un seductor. El placer que sentía por acariciar y ser acariciado en el alma por las palabras y su generosidad en regalar y acaparar sonrisas, lo delataban. Disfrutaba con la intensidad de la mirada, con la intimidad del beso, con la música del susurro.

 

Y, sin embargo, ese mago de las palabras, ese provocador de la mirada, ese sibarita del amor, hacía de todo ello el vehículo que le llevaba a su propia soledad.

La puerta del horizonte

La puerta del horizonte

Aquél hombre se encontraba atrapado entre el cielo y la tierra, por eso pensó que su escapatoria, su única puerta de salida era la intersección de ambos, el horizonte. Así que se puso a caminar hacia él, atravesando campos, subiendo montañas, cruzando lagos, navegando por océanos, vadeando ríos. Llevaba varios días de travesía cuando se paró a descansar a la sombra de un árbol. Justo en una rama encima de él, se posó un pajarillo que le llamó la atención porque parecía que sus ojos le miraban. El hombre, a su vez, clavó su mirada en la del ave a la vez que expresaba su pensamiento en voz alta:






- ¡Que suerte tienes pajarillo que puedes volar por el cielo libremente y no estar prisionero en esta tierra!
- No creas que soy libre–respondió el pajarillo articulando su pico- Puedo volar cerca del cielo pero no puedo ir más arriba de la última nube. Así que el cielo es para mí una cárcel.


El hombre, que no salía de su asombro oyendo hablar al pajarillo, le contestó:

- Sin embargo eres más libre que yo porque puedes aletear tus alas y estar cerca del cielo.

Y diciendo esto reemprendió su marcha en busca de la puerta del horizonte, que le permitiese salir de su encierro y alcanzar con ello la ansiada libertad.






Al cabo de un rato le entró hambre y se paró a comer, sirviéndole una piedra de acomodo a sus posaderas. Unas migas de pan cayeron al suelo y un topo que andaba por allí, se apresuró a recogerlas y llevárselas a su madriguera.

- ¡Que fortuna la tuya topo que puedes adentrarte en las entrañas de la tierra y conocer sus secretos!
- Tienes razón –le dijo el topo- Puedo adentrarme en las entrañas de la tierra, pero no puedo conocer sus secretos, porque mis ojos no me permiten verlos. Dependo de ella y en ella estoy prisionero.

El hombre, admirado por el desparpajo del topo, replicó:

- Sin embargo eres más afortunado que yo porque estás más cerca del corazón de la tierra y oír su latido.

Y diciendo esto se levantó para seguir con su marcha en busca de la puerta del horizonte, que le permitiese salir de su encierro y alcanzar con ello la ansiada libertad.






En su búsqueda, como ya he explicado antes, tuvo que atravesar un océano, así que se embarcó en un velero que él mismo pilotaba. Cuándo llevaba algunos días de navegación divisó una manada de delfines. Uno de ellos, el que parecía que lo seguían todos los demás, se acercó hasta el barco de nuestro hombre y se lo quedó mirando con aquella sonrisa que se dibuja en la cara de los delfines.

- ¡Que fortuna la tuya delfín que nadas libremente por esta agua, te sumerges cuando quieres en ellas y siempre sonríes de felicidad!
- Sonrío, si- habló el delfín- Pero nunca podré salir de esta agua si no es para morir. Ella es mi prisión

El hombre, aunque conocía que los delfines eran muy inteligentes pero que ignoraba que hablasen, le contestó:

- Sin embargo eres más afortunado que yo, que estando atrapado en estas aguas esmeraldas, vives contento en ellas.

Y diciendo esto partió hacia la costa buscando el camino que le habría de llevar hasta la puerta del horizonte, que le permitiese salir de su encierro y alcanzar con ello la ansiada libertad.







Un día, cuando ya nuestro andante estaba al borde de la desesperación porque no alcanzaba el horizonte, se cruzó en el camino con un anciano. Su aspecto venerable, de mente despejada y una larga barba blanca, su vestimenta consistente en una túnica blanca, y su caminar apoyado en un bastón, delataban que el anciano era un hombre sabio.

- Buenos días hombre sabio –saludó nuestro protagonista a aquél viejo- Voy en busca de la puerta del horizonte y quisiera saber si ya está cerca.
- Ya estás en ella –respondió el anciano.
- ¿Pero cómo es posible que esté en ella si sigo viendo allá a lo lejos el horizonte? Es allí dónde debe estar la puerta que me permita salir de esta reclusión en la que estoy entre el cielo y la tierra. Es a través de ella por dónde podré salir de aquí y alcanzar con ello mi ansiada libertad.
- Te equivocas –le rectificó el hombre sabio- No busques esa puerta en el horizonte. No está ahí. Se encuentra en ti y tú la has atravesado ¿Acaso crees que los pájaros pueden adentrarse en el mar o hurgar en la tierra? ¿Acaso crees que los topos pueden volar o nadar, o que los delfines pueden adentrarse en las entrañas de la tierra? Claro que no, sin embargo tú si puedes hacerlo, porque eres un ser libre que escoge cómo viajar por el camino que se ha trazado ¿Tal vez piensas que los pájaros, los topos o los delfines pueden hablar? Por supuesto que no, pero tú los has hecho hablar ¿Y sabes por qué? Porque posees algo que ellos no tienen y que te hace libre. Tienes imaginación, que puede transportarte al corazón de la tierra, o a los confines del Universo o a las profundidades abisales cuando quieras. Así que la libertad que tanto buscas está en tu interior. En tu mente.

Dichas estas palabras por el hombre sabio, nuestro viajero cesó en su caminar y, cerrando sus ojos, se dispuso a dormir porque quería recuperar aquellos sueños, que su incesante caminar en la búsqueda de la puerta del horizonte, no le habían permitido. Y es que en ese momento también descubrió que los sueños de los hombres son una puerta de libertad.

Sobre el noble oficio de escribir y expresarse

Sobre el noble oficio de escribir y expresarse

Hace muchos años estaba convencido que no sabía escribir. Cuando intentaba relatar algún suceso, algún sentimiento, me encontraba delante del papel un muro infranqueable llamado “¿Cómo?” con el que mis palabras tropezaban continuamente. Pensaba que mis errores eran el no tener un orden claro de ideas y  el no poseer un esquema previo sobre lo que realmente quería decir. Imaginaba que esos eran mis problemas a la hora de llenar papel en blanco. Pero no eran esos los inconvenientes. Desde la perspectiva que da la experiencia, de lo que en realidad se trataba era de desposeerse de ese intento por escribir algo bonito, algo que “guste” a los que te leen y llenarte de corazón que te permita construir ese camino directo que te lleve al alma de los demás. Se trata únicamente de contar la realidad,  esa realidad que es simple, sin palabras rebuscadas. Eso nos allana el camino.

 

Se que algo he mejorado en mi comunicación escrita. Prueba irrefutable de ello es que, algunos jueces -los que me dan la razón con sus sentencias- me entienden. Bromas aparte, hoy cuento esto porque algun@s de l@s que visitáis estas páginas confesáis que “no dejáis comentarios por que no creéis estar a la altura”. Mis querid@s lector@s, tod@s excepto, claro está l@s anormales, estamos a la  misma altura y nos movemos en un espacio atrapado entre el cielo y la tierra. En ese espacio nos ocurren cosas reales. Esas cosas reales o fruto de la imaginación de l@s autor@s, explicadas por personas reales, son las que me gusta leer, entre otros motivos porque me encanta aprender de las experiencias del prójimo y de la prójima. Y si quiero ficción, me voy a ver una película o me compro un libro. Así que seguir escribiendo, comentando, criticando, preguntando porque, como decía el poeta, cuando lo pierda todo, siempre me quedará la palabra. Las vuestras y la mía.

Mala suerte

Mala suerte

Decir que hoy es martes y trece es una obviedad. Escribir que es un día que nos traerá mala suerte es una gilipollez. No obstante como el veintidós no me toque el décimo de lotería que hoy ha comprado la secretaria, la pongo de patitas en la calle. También  cumpliré a pies juntillas el dicho popular porque hoy ni me embarcaré, ni me casaré. Todo ello me lleva ha llevado a preguntarme algo que atormenta mi existencia ¿Me estoy volviendo supersticioso o gilipollas?   

Anormales

Anormales

Se suele utilizar la palabra anormal para definir cualquier tipo de enfermedad o retraso mental. También se define anormal a todo aquello que se escapa,  a lo que convive fuera de los parámetros definidos por Gauss. Es decir, a lo extraordinario o no normal dentro de las normas de conducta universalmente admitidas. Teniendo en cuenta esa segunda definición, una persona normal puede convertirse en anormal si accede a unas pautas de conducta o normas de vida a las que escapamos el común de los mortales. Difícilmente, por no decir que es imposible, una persona que vive en la anormalidad, podrá transmutarse en normal. Entiendo que el camino es de una única vía en el sentido normalidad hacia anormalidad.

 

Un ejemplo de personas anormales y a las que quiero referirme son, sin duda, los miembros de la nobleza española y, más concretamente los miembros de la realeza, entre los que incluyo a los monarcas, príncipes, princesas, infantas, infantes, consortes y demás personas que viven en la colateralidad de aquellas. En resumen, los anormales de nacimiento (monarcas, infantas y príncipes) y los anormales sobrevenidos (cónyuges y demás parentela). Por mucho que lo intenten y a nuestros ojos puedan parecerlo, los anormales de nacimiento y los que sobrevienen, nunca podrán ser personas normales. Es más creo que es antinatural que intenten parecerlo y, además, cada esfuerzo por buscar lo cotidiano, lo normal, nos cuesta un ojo de la cara. Si no, véase el latigazo económico que nos supuso a los españolitos el que el príncipe y la princesa Leticia acudiesen a “Zara”, como cualquier persona normal, a comprarle ropita a su hija Leonor. No se piense que fueron los cuarenta euros del pantaloncito lo que nos costó la bromita, no. Eso es el chocolate del loro comparado con el despliegue que supuso la salida a la “normalidad” de los príncipes. Nada menos que veinticinco guardaespaldas visibles y  otros tantos invisibles. La foto de periódicos y revistas del corazón en un intento vano de hacernos creer que son personas como nosotros,  nos salió cara. Y es que el nacimiento de la pequeña Leonor de todas las españas está salpicado de intentos por transfigurar su anormal nacimiento en algo común en todas las familias. Así pues, el padre de la criatura, príncipe heredero al trono, asistió al parto de su ‘cesareada’ hija, “como cualquier padre normal”. También imbuido de la normalidad que caracteriza su principesca vida, permaneció junto a su esposa en los momentos posteriores al feliz alumbramiento y, antes de atender a los medio de comunicación, se duchó y cambió de ropa. Total cuatro horas desde la cesárea hasta su comparecencia en los medios de comunicación para anunciar el evento. Cuatro horas que los antiguos colegas de la princesa Leticia aguantaron a la intemperie, bajo la lluvia y el frío de la noche madrileña hecho este que acabó por certificar el divorcio, por si aún no estaba claro desde que Leticia Ortiz accedió a la anormalidad, existente entre la parturienta y los medios de comunicación.  Y de remate, una semanita en la clínica. Vamos la normal atención que tiene cualquier mujer española que tenga una cesárea. Seguro que cientos de miles de ellas lo pueden atestiguar.

 

El príncipe, por razón del cargo por el que se le paga y mantiene, no puede comportarse como cualquier padre normal. El es un anormal. A él, y por extensión a toda su  familia, se le paga y mantiene para estar al servicio de los ciudadanos de este País y no al contrario. Es él y los monarcas los que deben procurar el bienestar de sus ciudadanos y no al revés. Cabe recordar que las relaciones de vasallaje y las monarquías absolutas, se extinguieron afortunadamente, con la Revolución francesa y, con mayor motivo, esas formas deben ser exquisitas en una monarquía impuesta por Francisco Franco, de profesión dictador. No se me ocurre ni pensar lo que hubiese sucedido si cualquiera de nosotros hubiese obrado de la manera que lo hizo el heredero al trono en nuestro trabajo, es decir, negligentemente. También es fácil imaginar lo que hubiese sucedido si el médico asistente al parto se hubiese retrasado cuatro horas. El despido y la cárcel sin juicio previo hubiesen sido fulminantes.

 

Esos hechos son los que demuestran que una persona anormal no puede pretender  actuar como normal. Un anormal tiene que proceder como lo que es, como un ser anormal, fuera de los modelos de comportamiento de los que somos normales. Tiene que hacer lo que se espera de él que es para lo que paga, para ser un anormal porque, sino, cualquiera vale para hacer de monarca, de príncipe o de infante gozando, eso si,  de los privilegios que gozan. Además es que cuesta poco. Lo único que se le pide es que nos sonría (faltaría más), nos atienda con educación (por supuesto) y nos salude con la mano cuando nos ve (indudablemente). Es decir, no tiene que hacer absolutamente nada, no dar un palo al agua. Como Marichalar que, ese si que es un auténtico profesional de cómo debe comportarse una persona anormal.

 

Y si a pesar de todo, los anormales quieren ser normales, les dejamos, pero me temo que eso si que les va a resultar difícil, no por el hecho de que para ser normal haya que abdicar y renunciar a cargos y prebendas. Eso no es lo más difícil. Lo que de verdad entraña un esfuerzo sobrehumano es el tener que ganarse cada día el pan con el sudor de la frente. La propia, claro.

 

Lo que te puedes encontrar al doblar una esquina

Lo que te puedes encontrar al doblar una esquina

Ella es hija de la diosa Diana. Se llama Alea. Adquirió de su madre la fuerza interna para la lucha cotidiana y de su padre, un brillo especial que le hacía iluminar la noche más oscura o ser la luz en los momentos en que en su ciudad había eclipse de sol.

 

 

 

Él nadie sabe de dónde vino y quienes fueron sus padres. Podría pertenecer a cualquier época aunque, por su aspecto, era probable que perteneciera a la galaxia de Orión. De su aspecto lo más notable era que su vida y carácter polifacético se le delataba en el físico. Tenía aquél toque esencial de todo aquello que podía ser o estar.

 

 

 

Se encontraron al doblar una esquina de un parque, cualquier día de lluvia, de nieve, viento o de sol.

 

 

 

El parque tenía arena, mar, un lago natural con nenúfares, ninfas y faunos. Doblando otra esquina, se encontraron con sus otros “yos y egos” sumergidos en la raza humana de la que habían asimilado todas sus consecuencias. Se miraron, se saludaron y empezaron a andar juntos hasta que se perdieron en la inmensa ciudad.

 

 

 

Aún hoy se les ve de vez en cuando paseando por los parques de hormigón con flores hechas de revistas de “cómics” y estanques de aguas marrones.

 

Imagínate...

Imagínate...

 <center><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/jEOkxRLzBf0"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/jEOkxRLzBf0" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"></embed></object></center>

 

ADAPTACION LIBRE:


Imagínate que no hay paraíso y tampoco infierno bajo nuestros pies. Verás que es fácil si lo intentas…

Por encima nuestro el cielo, las nubes, el Sol, la Luna, las estrellas y, un poco más allá, el Universo que nos espera.

 

 

Imagínate a toda la gente viviendo cada día con una sonrisa en los labios, las manos tendidas y los brazos dispuestos siempre para el abrazo sincero.

 

 

Imagínate que no hay países, ni religiones. No es difícil hacerlo…

Se acabaron las excusas por las que matar o morir.

 

 

Imagínate a todas las personas viviendo la vida en Paz, sin posesiones. Desaparecería la codicia y el hambre.

 

 

Imagínate a todo el mundo compartiendo, una hermandad del hombre y para el hombre.

 

 

Podrás decir que soy un soñador pero imagínate que te unes a él, como muchos lo hicieron antes. Si hacemos de ese sueño el sueño de todos, el mundo vivirá como uno solo.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ORIGINAL:

 

 

 

 

Imagine there’s no heaven,

It’s easy if you try,

No hell below us,

Above us only sky,

Imagine all the people

living for today...

 

Imagine there’s no countries,

It isn’t hard to do,

Nothing to kill or die for,

No religion too,

Imagine all the people

living life in peace...

 

Imagine no possessions,

I wonder if you can,

No need for greed or hunger,

A brotherhood of man,

Imagine all the people

Sharing all the world...

 

You may say I’m a dreamer,

but I’m not the only one,

I hope some day you’ll join us,

And the world will live as one.

 

 

( John Lennon, poeta; 9/10/1940-8/12/1980)

 

Para leer escuchando Tristesse de Chopin

Para leer escuchando Tristesse de Chopin

Se puso frente a ella. En el aire volaban partículas doradas que parecían provenir de la inmensa esfera y se adherían a sus cuerpos dejándolos iridiscentes. Dos estatuas de sol.

 

Los dedos de Andreu acariciaron despacio, indecisos, el perfil de los labios de Aurora, temiendo borrarlos conn el gesto. Su boca se acercó húmeda de aliento hasta posarse en los párpados cerrados de la mujer de viento. Una música lenta, de silencios en vuelos. Un beso ingrávido suspendido en un hilo de seda.

 

Quería sentir sin romperla. Temía que aquella pasión se le desbocara como caballo nocturno, pero no pudo evitarlo. Por lo menos no sus dedos, que resbalaron desde el cuello blanquísimo, nacimiento de piel palpitante, hasta rozar el centro del escote, metiéndose entre dos montañas de piel que se erguían respondiendo vivas.

 

 

Aurora, que no podía abrir los ojos, inmovilizada como estaba de placer, sentía aquellos dedos como diminutos pájaros en fuga dentro de su corpiño; teñían de ansias con sus plumas rojas no sólo las zonas tocadas, sino los lugares más impenetrables de su cuerpo. Aún no se habían besado y ya su piel se le caía en suspiros. No podía detenerlo. Sabía que sólo bastaba una palabra, su propia mano o una mirada abierta para impedir que la tocara, pero su voluntad no la escuchaba; había desplegado por fín sus alas y volaba por encima de ella misma... enseñándole el placer del primer vuelo.

 

Su cuerpo tocado por encima de su traje de sombras se deshacía en las manos de Andreu. Se sentía sol quemante bajo esa luz lunar, piel hecha de teclas... Piano. Aquellos dedos le arrancaban sinfonías nunca sentidas ni en el mejor concierto.

 

Sólo después, su boca buscó sedienta los labios de él, que la aguardaban como rosa abierta, húmeda lengua, dulce enredo de pasiones delineando bordes, poseyendo aquél espacio de palabras mudas, de mieles nuevas. ¿Quiénes eran?. En ese beso sólo se identificaba una pasión y amor de siglos retenidos; de instante florecido.

 

Cuanto más se entrelazaban sus lenguas, más crecía aquella luna. ¿Era una luna? Un viento solar les soplaba corrientes de luz. Aquella esfera inmensa se había refractado en óvalos de aurora llameantes, partículas solares, llamaradas onduladas de colores rojizos. Un Mediterráneo combustionado en fuegos. Una aurora boreal insólita.

 

Presos en ese campo magnético de amor y en una intensidad lenta, permanecieron besándose; el amor se les vaciaba por las bocas; se lamían el alma con sus lenguas hasta quedar sedientos de más besos. Entonces volvían a empezar, si hablar. Con sus bocas sangrantes, de besos dados y por dar, que se vaciaban y llenaban insaciables.

 

Cuando las luces celestiales se quemaron en el cielo y en el mar, y la negrura los vistió de negro, sus bocas cansadas se replegaron en silencio. Un abrazo los unía en la noche cerrada. El restaurante estaba a oscuras, todo dormía. Todo, menos sus cuerpos y sus almas.

 

("El penúltimo sueño" de Àngela Becerra)

Telemaratones

Telemaratones

Las fiestas de Navidad, Año Viejo-Nuevo y Reyes me dejan, desde hace algunos años, un cierto sabor agridulce. Me imagino, es más, se que, Sada, Amal, Ibrahím y Sasi, niños hindús, nepalís,  marroquís o gambianos, habrán podido disfrutar , por primera vez, de una comida alrededor de una mesa allá en su País, con su familia biológica,  o en el nuestro con la adoptada. Para ellos se les ofrece, en el nuevo año, la posibilidad de labrarse un futuro más cierto, más claro que el que habían tenido hasta ahora. Incluso, alguno de estos niños, han disfrutado de su primera muñeca, de su primer balón de reglamento, de su primera bicicleta. Son niños del llamado “Tercer Mundo” y han tenido la suerte de ser adoptados en algún “telemaratón” que organizan, en estas fechas, las cadenas de televisión. O se ha dado publicidad a través de los medios de comunicación, de algún programa televisivo, de los malos tratos de que son objeto en su Pais,  programas que remueven las conciencias de los que vemos y que nos hacen coger el primer avión hacia donde se encuentran esos desamparados a tratar de adoptar alguno...Aquellos niños han tenido la suerte de entrar en alguna de las plataformas que se reivindican, periódicamente, como  ayuda para los llamados marginados del “Tercer Mundo”. Sus paises son pobres y en ellos hay pocas expectativas de futuro. Por eso se organizan las plataformas a lo largo del denominado “Mundo Industrializado”.




        Juan,  María, Raquel y Javier no se han sentado en ninguna mesa esta Navidad. Y si lo han hecho, no fue con su familia. No han recibido, aún, su primer juguete. Están en algún orfanato con otros niños y niñas como ellos o, lo que es peor, deambulan por los barrios marginales de Barcelona, Madrid, Valencia o Sevilla. Su futuro es incierto y, a ellos, no les ha llegado la oportunidad de ser apadrinados en ningún “telemaratón”. A ellos no se les incluye en las plataformas de ayuda al “Tercer Mundo”... Y es que ellos “disfrutan” de los privilegios de vivir en un Pais industrializado, en una de esos sistemas que se les llama “economía del bienestar” o “sociedad del bienestar”. Tampoco tienen los ojos rasgados, o el color de su piel es blanco, a lo sumo agitanado... Juan, María, Raquel y Javier no sonríen, no juegan, nadie pregunta por ellos... Más adelante, cuando crezcan, formarán parte de las estadísticas y, quizás, se les dedique algún artículo que diga:


“Unas 275.000 personas viven en la calle, en albergues o en infraviviendas en España”. También hay 48.000 chabolas, 37.000 casas en estado ruinoso y 387.000 viviendas que no reunen las mínimas condiciones higiénicas y sanitarias. El número de los ‘sin techo’ en la Unión Europea asciende a 18 millones de personas, si se incluye a aquellas que no tienen acceso a una vivienda personal, permanente y adecuada...” ).


 

 

El contrapunto lo dan Sada, Amal, Ibrahím y Sasi protagonistas de una historia muy diferente: “El auge de las adopciones internacionales, a través de la historia de una niña nepalí. Hemos brindado por la niña con pastel y cava, y hasta hemos cantado a coro una canción navideña que ella ha seguido con los ojos y el semblante traspuesto...”.

 


 

 

Las de estos niños son dos historias con igual inicio pero con destinos diferentes... ¿ Por qué ?. Las respuesta está en nosotros mismos, en la Administración que no ayuda, en los medios de comunicación movidos por audiencias y beneficios... Mientras tanto seguiremos empeñados en no querer ver nuestras propias miserias. Mientras tanto seguiremos sin ayudar a nuestro vecino. Mientras tanto seguiremos descargando nuestras conciencias buscando lo exótico, lo lejano, lo que nos diferencia de nosotros mismos...
 

El precio de la Libertad; cuento en tres o cuatro actos (III)

El precio de la Libertad; cuento en tres o cuatro actos (III)

Como le comenté que no la tenía fuimos a ver al párroco para que se encargase de lo de mi partida de nacimiento. En una hoja de un libro muy gordo tenía registrado mi nacimiento… no se porqué razón, pero al decirme que mi nombre estaba allí escrito sentí una especie de hormigueo desagradable en el estómago. El cura rellenó un papelote copiando una serie de datos que tenía y, cuando concluyó lo que a él le pareció una obra de arte, se la entregó al maestro diciéndole con una expresión no exenta de solemnidad.

- Encárguese de los trámites oportunos.

Bien, a partir de esta frase creo que me debo ahorrar unas cuantas palabras ya que lo que pasó después no lo sabría explicar. Tuve que hacer una serie de signos raros en papeles parecidos a los que aquél día le había dado el párroco al maestro y hablaban de cosas tan extrañas que aún hoy me cuesta entender. Finalmente me dijeron que estaba todo dispuesto y que en breves días recibiría mi tarjetita de identificación.

 

Esperando la tarjeta que me diese opción a una matrícula para poder ser médico, fue pasando el tiempo y, lo que tanto deseaba, no llegaba. No sabía el porqué de la demora hasta que un día, por primera vez desde que vi la luz, el cartero se acercó hasta mi casa empujando, más que pedaleando, una destartalada bicicleta. Me dejó una carta que nadie de mi familia supo descifrar. Una serie de cifras, signos y letras que parecían transmitir algo importante ya que venían impresas en un papel adornado con un escudo de un águila en cuyo centro, destacaba un yugo (como el que ataba a mis vacas) y unas flechas. Volví al pueblo en busca de aquél maestro que tan bien se había portado conmigo iniciándome en la Medicina, para que hiciese por mi familia lo que nunca nadie nos había enseñado. Leer.

- Bueno muchacho –me dijo- Es una carta del Ayuntamiento en la que dicen que tienes que incorporarte a filas. Tienes que presentarte en esta dirección antes de quince días si no quieres que te metan en la cárcel.

¡¡¿ A mi? ¿Meterme en la cárcel? Pero si no había hecho nada malo ¡! ¡ Si jamás me había peleado con nadie! ¡Si era un ser pacífico y … ¿tenía que hacer todo esto para ser médico? ¿Tenía que aprender a matar antes que a dar la vida? ¡!.

- No es exactamente eso –me contestó el maestro- El País necesita de ti para hacerse fuerte, para conseguir un ejército potente y ser respetado por los demás países. Ellos, a cambio, te harán un hombre de “pro”.

 

A mis veinte años, después de haber estado apacentando ganado, de haber estado labrando la tierra año tras año, levantando a mi familia, me venían a decir que, para ser un hombre, para convertirme en persona, necesitaba coger un fusil. Después de todos estos años de sufrimientos, de levantarme con el canto del gallo y acostarme con el sol, de haberme partido el espinazo durante tantas y tantas horas, olvidado del mundo, sin ayuda de nadie, con el olvido de todos, ahora, a mis veinte años se acordaban de mi para que ayudase a la Nación a salvaguardar su ya triste imagen, aprendiendo a ser violento cuando lo que yo quería era la Paz y…¡¡ Ser médico ¡! “¡¡ Pues no!! me dije, mi corta inteligencia y mi mucho instinto se negaron en redondo. Nací y quiero morir como soy. Como un pequeño gramo de libertad que era lo único que me quedaba.

 

Hoy, en la soledad de mi celda pienso en todo aquello que me sucedió. Por fin conseguí la imaginación. Por fin aprendí a recapacitar y mirando atrás veo que si, que no estoy tan solo, que, al menos, dos veces se acordaron de mi en la vida. Una me costó una gallina, la otra, mi gramo de libertad.

El precio de la Libertad; cuento en tres o cuatro actos (II)

El precio de la Libertad; cuento en tres o cuatro actos (II)

Quizás la reflexión de largas horas de soledad, quizás la desesperanza de ver que un ser querido sufre ante la impotencia de los que le rodean, me llevaron al planteamiento, a mi me parecía que profundo planteamiento, de mi existencia, de la existencia de la Humanidad. Me di cuenta que tenía un don muy preciado, la Libertad aprendida de ese ser que se debatía entre la vida y la muerte por el cual nadie podía hacer nada. Fue quizás entonces cuando nació mi vocación. En esas ansias de encontrar un remedio al mal que aquejaba a mi padre y a muchos otros como él, que lucharon en su trabajo hasta la extenuación. Las ansias de saber me devoraban, quise comprender y vi que el mejor camino para ello era ser un buen médico… ¡Se despertó mi imaginación y pude pensar¡

 

Sólo recibí una frase en mi casa cuando planteé mis deseos: “Hijo mío, también el mundo es tuyo”. Ya en el pueblo fui directamente a ver al maestro:

- Quiero ser médico –le dije- para que no vuelva a sufrir nadie más.

- No es tan fácil –me contestó el maestro mirándome con un aire de incredulidad que hasta un ignorante como yo lo percibí –Tendrás que cumplir una serie de trámites para llegar a serlo. Primero tendrás que matricularte en mi escuela para que te enseñe a leer y a escribir. Cuando hayas aprendido vendrá la verdadera formación, en este caso, tu verdadera formación que consistirá en adquirir una serie de conocimientos básicos, los cuales iré evaluando mediante exámenes que te servirán de base para tu entrada en la Universidad, una vez que te consideren apto para ello…

 

El maestro siguió hablando y, mientras lo hacía, yo iba pensando: “¡¿Pero de qué me está hablando… exámenes, evaluaciones, materias, universidad, matrículas, trámites, conocimientos básicos…?! ¡Pero si lo que quiero es ser médico ¡!

 

- A propósito – continuó- ¿Tienes el carné de identidad para formalizar la matrícula cuanto antes??

- ¿Carné de identidad? –pregunté- ¿Qué es eso?

- Es una tarjetita en la que están inscritos todos tus datos: nombre, fecha de nacimiento, lugar, nombre de tus padres, profesión, grupo sanguíneo, y a todo ello se le da un número para que una vez llevado a los registros centrales sea mucho más fácil tu localización. Deberías llevarlo para que así te pudieses identificar ante todo el mundo.

- ¡Pero si yo siempre he vivido allá arriba –le contesté señalando con la cabeza hacia donde me parecía estaban las montañas- y nunca me habían hablado de ello! “Además –pensé sin atreverme a decirle nada por temor a que me considerase una persona irrespetuosa- las vacas cuando las ordeño no me piden identificación alguna”.

- Bueno, bueno –me dijo el maestro- iremos a hacerlo ¿Tienes partida de nacimiento?

 

“¿Partida de nacimiento? – Pensé de nuevo -¿y eso para qué sirve? Este señor me estaba hablando de unas cosas más raras… ¡¡ Y eso que solo le había dicho que quería ser médico!!”. Hoy, en la distancia que concede el tiempo, comprendo la incredulidad del maestro. Hoy, en la experiencia que regala la vida, comprendo porqué mis padres nunca me habían hablado de la famosa tarjetita.

El precio de la Libertad; cuento en tres o cuatro actos (I)

El precio de la Libertad; cuento en tres o cuatro actos (I)

Yo no soy un hombre culto, no soy un hombre de letras. Hasta dónde llegará mi ignorancia, que para escribir estas líneas los minutos se me han convertido en horas. Soy hijo de campesinos de los que toda su vida estuvieron trabajando de sol a sol para traer el sustento a mis once hermanos y a mí, perdidos en uno de aquellos lugares en los que cada día el astro rey lanza su último destello… alejados de todo y de todos y sin querer imaginar cómo sería la vida en una de las masas de cemento y acero… ¡¿Qué más daba si hasta carecíamos de lo más esencial en el hombre?: precisamente “eso”, la imaginación!.

 

Soy el hermano mayor de esas once criaturas a las que costó mucho sacar adelante ya que únicamente teníamos lo indispensable para sobrevivir: nuestros padres y su gran cariño. Fue ese cariño que ambos le tenían al poder dar vida, lo que les indujo a pensar alguna vez si ese poder de amar y amarse resultaba excesivo pues ellos conocían de su situación, nuestra precaria situación y quisieron remediarlo, pero allí, olvidados del mundo y con su frenética pasión ¡ no sabían ¡… A ellos nunca se lo reproché.

 

Fuimos educados bajo las formas de la Santa Madre Iglesia no porque mis padres fuesen unos fervientes practicantes sino porque, en aquél entonces, era la única confesión permitida en el País y porque ir a la Iglesia del pueblo, a veintidós quilómetros de casa, era la única fiesta y, probablemente, viaje que mis padres se podían permitir. Recuerdo que el día de mi primera comunión mi padre lloró cuando el párroco del pueblo nos dijo, concluyendo una larga plática a la que realmente no le presté atención: “Tened en cuenta que nuestra santa madre iglesia nunca se olvida de sus hijos”. Ante tamaña generosidad divina mis padres correspondieron con el “donativo” de una preciosa gallina que mi madre había cuidado casi, casi, como si fuera un hijo suyo. Ese día unos señores comieron, una vez más, una gallina de verdad, de las de campo.

 

Así que desde el día de mi comunión empecé a ser un hombre de los buenos. Cada mañana me levantaba con el sol y me iba con mi padre para que me enseñase las faenas del campo, pues me tocaba ser el sucesor en estos menesteres al corresponderme el privilegio de la progenitura. Al principio me gustaba juguetear con los animales que corrían por allí, meter los pies en el fresco arroyo que bordeaba la que veía como gigantesca colina, desde mi perspectiva infantil. Pero en lo que más disfrutaba siempre era con los ratos que compartía charlando con mi padre o, simplemente, cuando acabábamos de comer, sestear a su lado mirando en la inconcreción del horizonte. Pero luego mi padre enfermó y durante largo tiempo estuvo postrado en la cama. Tuve que volverme responsable de repente, incluso cuando el médico le dijo que ya estaba recuperado, que la ciencia ya no podía hacer nada más por él, seguí llevando el peso en las labores del campo. La salud de mi padre ya nunca volvió a ser lo que era y yo en ese período de tiempo que ahora me es imposible determinar, me había convertido en el cabeza de familia.

Estrategia y pelotas

Estrategia y pelotas

El viernes por la noche fui a jugar a paddle. Me gusta practicar ese deporte siempre que puedo y lo vengo haciendo de manera regular desde hace más de catorce años. Es decir, desde mucho antes que “Josemari” lo pusiese de moda en España. Lo que más me agrada de este deporte inventado en México en 1969 e importado a nuestro país por Alfonso de Hohenlohe, es que se puede jugar en parejas. Y pueden ser parejas mixtas ya que prima la colocación, la estrategia, sobre la fuerza. Para no entrar en conflictos me abstendré en escribir qué componente de la pareja inclina la balanza hacia la estrategia o la fuerza. En resumen, diciéndolo de una manera llana y entendible, el paddle es un juego de inteligencia que se juega con pelotas. Estrategia y pelotas, por una vez, compatibles.



De depredador@s, cazador@s y conquistador@s...

De depredador@s, cazador@s y conquistador@s...

Entre Líneas dice:
Hace días que quiero escribir algo sobre depredadores-cazadores y conquistadores y no se me ocurre gran cosa. Tengo la idea general de qué es cada cosa pero no acabo de llenarla de contenido. Dame un ejemplo de cada uno ¿Qué es un depredador?


Supertría dice:
Veamos. Yo creo que un depredador es un cazador sin control ni limites. Un cazador es alguien que quiere o necesita algo o alguien y lo busca con determinación. Cuando se come todo lo que encuentra le guste o no, sea comestible o no, lo merezca o no, es un depredador.


Entre Líneas dice:
Si. El cazador es el que se cobra a la pieza por el placer de hacerlo, luego se la come o no.


Supertría dice:
Por placer o necesidad. Un buen cazador cobra piezas que las usa siempre para algo. Cazar y tirar solo lo hace un depredador.


E.L. dice:
Si... me gusta. Sigue, sigue.


S. dice:
Vale... hago brainstorming.


E.L. dice:
De acuerdo.


S. dice:
Un cazador puede gustar o no pero en todo caso, si desprecia a la pieza lo hace antes de hincar el diente aunque sea por "economía de esfuerzo". Es como ver la diferencia entre un buen profesional y un mal profesional. Esta es buena ¿ehhhh?.


E.L. dice:
Siiiiiiii


Supertría dice:
Un conquistador es alguien que no quiere necesariamente la pieza, solo le gusta la idea de obtener y poseer la pieza. No es tan importante comerla, solo que sea apetecible y le haga sentirse mejor que la propia pieza puesto que la conquista.


E.L dice:
Algo así, si. Aunque yo lo veo (al conquistador) como alguien que adquiere la pieza y la conserva. Toda conquista comporta un "mantenimiento".


S. dice:
No necesariamente. Conquistar es usar toda la seducción para atraer al otro. Ese es el fin.


E.L. dice:
Tal vez sea el grado más bondadoso entre los tres tipos.


S. dice:
Es el menos malo, como la democracia. Pero no es bueno.


E.L. dice:
Si, pero la conquista deja de ser conquista si no la mantienes.


S. dice:
Pero es que la conquista deja de existir si ya obtienes la pieza. Por eso las mujeres sabemos tanto de enseñar la zanahoria y retirarla a tiempo.


E.L. dice:
¿Entonces no hay nadie bueno en las lides amatorias?


S. dice:
Quien es bueno en la vida real es bueno en las lides amatorias. No se puede jugar sucio en un sitio y limpio en otras. Es un principio del ser humano... la globalización humana.


E.L. dice:
Pero algún sistema debe emplear ¿o no?


S. dice:
Bueno un conquistador, por definición pretende dominar un territorio. No le veo la bondad “per se”. Otra cosa es que sea divertido para ambos. Tú eres un conquistador y yo soy una seductora. Es distinto. A mi no me gusta conquistar por el placer de conquistar, sin embargo me encanta seducir.


S. dice:
A mi me gusta un tipo seductor, no conquistador. Un conquistador en artes amatorias es un mujeriego. Ahora bien, un buen seductor que se enamore y juegue limpio (¿alguien lo hace?) sería genial. Este es el mas bondadoso.


E.L. dice:
Bueno... entonces se debe hablar de cuatro categorías: depredador, cazador, conquistador y seductor.


S. dice:
Si. Al menos cuatro categorías. ¿Hay más categorías después de seductor?


E.L. dice:
No. Yo creo que con esas hay más que suficientes.


S. dice:
Es que es tan aburrido eso de la vida normal.

El enemigo

El enemigo

No busqueis más. Lo habeis encontrado. Soy... ¡ el enemigo !. He amado y me han amado hasta la locura... Llegué a tocar el cielo en un viaje inimaginable en una nube de algodón... Vimos amaneceres, nos bañamos en estrellas y buceamos en ese mundo de sensaciones que sólo otorga el privilegio de amar y ser amado... Pero casi sin darme cuenta, recorrimos el camino que va del “amor incondicional”  al “amor obligado” y, de ahí, cruzé sin quererlo, sin saberlo,  la imaginaria línea que me situó en el territorio enemigo. Y estoy ahí. Intentando saber dónde está la locura, dónde se ubica el cielo, cuándo amanecerá de nuevo... porque, por una razón que no llego a entender, soy  ¡ el enemigo !...Y en esa condición me encuentro. Debo ser eliminado para que no quede ni el recuerdo de los instantes que, para mí,  serán los que permanezcan. Ahora solo quiere de mi, el amargo recuerdo de nuestro fracaso...

Estiramientos

Estiramientos

Ayer en el gimnasio estuve realizando ejercicios de estiramiento y descubrí músculos allí donde no sabía que existían. Voy a tratar de estirar mi mente para ver si encuentro alguna idea original. Y es que llevo unos días pensando siempre en lo mismo.